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jueves, 29 de enero de 2009

El hombre de barro

No se muy bien como es que debo empezar a escribir lo que quiero. Estuve imaginándome alguna metáfora o alguna idea que suene inteligente.

Pero la verdad es que no hay ni metáforas, ni ideas inteligentes ni eufemismos ahora, quizás un cuento idiota?

************************

Hubo un tiempo, aquel tiempo, en el que el hombre de barro podía sentarme, observar su pequeño reino, obtenido luego de tantas noches de luto por su alma y pena por todos los amigos imaginarios que sacrificó.

No era el lugar ideal de ninguna princesa, era un sitio donde nunca amanecía, pero tenia luna eterna, no podía pedir nada mejor.

Las noches que le apetecía podía sentarse a la orilla del lago de lágrimas y componer algun verso mientras escuchaba el ruido de otro reino cercano, pero no le importaba, tenia su luna y su lago.

Una día extraño, pasaba una dama al borde del reino, justo en el lugar donde con solo dar un paso podías pasar de la noche incansable al día brillante. Esta dama venia de este lugar de donde siempre llegaba el ruido al lago, miro extasiada el cielo con estrellas bailando y la luna llena iluminando un camino que llegaba a un castillo gris.
- Que bello castillo!! - pensó,
- Desearía vivir ahí el resto de mi vida.

Y como muchos sabemos, cuando una dama desea algo, normalemte lo consigue.

Durante un tiempo vivió con el hombre de barro, le susurraba en las noches hasta que se dormía, lo escuchaba cantar mientras llenaba el lago con lágrimas de sus penas pasadas, lo tomaba de la mano mientras el hombre de barro regaba las Sant Pere de su jardin y le contaba relatos maravillosos del mundo fuera del reino.

Hasta que llego el día que la dama, ahora convertida en princesa, quiso llevar al hombre de barro al lugar de donde ella venia, al reino del eterno sol.

Y como ya sabemos, las princesas siempre logran lo que desean.

El hombre de barro salio por primera vez de su reino, por primera vez su piel tersa y resabaloza mezcla de arena y agua sintió el calor proveniente de unos rayos arrojados por un círculo de fuego en el cielo.

De la misma manera en que la princesa alguna vez observo el otro reino, el estaba impresionado con las cosas que no conocía.

Vivió en este mundo nuevo, sintiendo una extraña felicidad que lo hacia olvidarse de todo lo que había vivido y sentido antes.

Pero el tiempo es un rio que nunca se detiene, y empezó a hacerse sentir, la piel del hombre de barro empezó a secarse, la necesidad de sentarse a hacer sus versos, mirar la luna, oler sus flores de noche...

La Princesa no quiso volver
-Es tan triste allá, quedémonos aquí, donde todo es claro y feliz.
-Pero si me quedo más tiempo, moriré, mi piel no aguantara más este círculo amarillo del cielo.
-Yo no deseo volver, si quieres puedes ir tu, yo ire a visitarte luego.
-Pero...

El hombre de barro partió, solo, sin recordar bien como llegar, paso días mientras su boca se convertía en un trozo de tierra agrietado y sus piernas se iban desmorando; pero llegó.

Corrió, el castillo estaba casi caído... las flores marchitas sin el cuidado de su protector, el camino de rocas lunares que solía ir del castillo al lago estaba casi destrozado, y al final de este... no había nada...solo un agujero enorme.

La princesa nunca volvió...

Hasta hoy el sigue esperando, y volviendo a crear el lago, que parece nunca crecer...

Pero sigue esperando...

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